La Mitad del Mundo

El lugar donde todo empieza y termina. Donde todo es cero.

He viajado muchas veces. Lo hago cada vez que puedo y espero seguir haciéndolo por siempre. Viajo por placer, por trabajo, para ver amigos, por aventura, por descubrir otros mundos, porque no me puedo quedar mucho tiempo en un mismo lugar. Pero principalmente, viajo para encontrarme con otras culturas, otras costumbres, otras formas de pensar y de ver el mundo, y también otros viajeros, que, al igual que yo, buscan más allá de sus fronteras (que no significa solo los límites territoriales).

Pero viajar no siempre es fácil. Los más seguros contratan un tour y se ajustan a la agenda que les presentan. Los seguros, pero con poco dinero, buscan uno o viarios partners para enfrentar juntos las aventuras, disfrutar los buenos ratos y tener quien le tome la foto con Machu Picchu de fondo. Pero los aventureros solamente cogen su mochila (o lo que quieran llevar) y se van sin planes establecidos, sin direcciones precisas pero con hartas conexiones hechas por Internet, con el libro ‘para los ratos libres’, con el dinero suficiente (a veces) para no morir de hambre ni de ‘sed’, y con las ganas de conocer todo lo que se pueda: sitios históricos, museos, bares, parques, calles, tiendas y centros comerciales, restaurantes y ‘huariques’, ‘points’, buses y ‘combis’, trenes, subterráneos. Y por supuesto conocer gente, encontrar viejos amigos y unirte a esa enorme legión de viajeros que ya camina por el mundo.

Viajar no solo es una experiencia, para muchos es una forma de vida y he conocido a quienes llevan uno, dos, tres o cinco años recorriendo el mundo. Para mí, cada vez que agarro mi mochila para embarcarme en una nueva aventura pienso en lo emocionante que es salir en busca de un lugar diferente, donde no sabes qué te va a pasar, a quien vas a encontrar y cuantos viajeros más vas a conocer.