Los músicos inician nuestro recorrido frente al Ausangate.

Los músicos inician nuestro recorrido frente al Ausangate.

A las 8 de la mañana llegamos al abra de Cuyuni, a 4,185 metros de altura. Lo primero que vimos fue el nevado Ausangate, imponente, y perfecto como escenario de las fotografías que se tomarían a los músicos de la comunidad de Cuyuni, quienes esperaban a los visitantes que recorrerían el primer proyecto de Turismo Rural Comunitario en el Corredor Vial Interoceánico Sur.

Casi una hora después, bajo el viento frío de este paraje cusqueño, los sonidos del pututo daban la bienvenida a más de 20 personas, la mayoría operadores turísticos, preparados para caminar casi cuatro horas y experimentar la ruta turística creada por la Comunidad Campesina de Cuyuni

“Las 62 familias de Cuyuni estamos comprometidas en el proyecto”, me cuenta Antonio Rodríguez, gerente general de la Empresa Comunal Mirador de Cuyuni, formada con el fin de administrar el proyecto de turismo rural que esta comunidad ha implementado en coordinación con la Iniciativa Interoceánica Sur (iSur).

El compromiso de la población es tal que Zenobio Vargas, secretario de economía de la empresa y uno de los principales promotores de este proyecto, aprovecha cualquier descanso para continuar con su lectura del libro Cuando las piedras hablan, un relato de Juan Carlos Machicado sobre la arquitectura inca y la espiritualidad andina.

Zenobio aprovecha cualquier descanso para avanzar con su lectura

Zenobio aprovecha cualquier descanso para avanzar con su lectura

“Lo que más me gusta es ser guía de turismo, por eso me estoy preparando. Estos libros me ha prestado el profesor que nos enseña sobre la historia de Cusco y los lugares que debemos conocer”, me confiesa Zenobio, mientras me muestra un segundo libro que lleva consigo, Machu Picchu en la historia de los Inkas, leo en la portada.

Ofrenda a la Pachamama. Empezamos la ruta con una ceremonia de pago a la tierra, ritual andino que une al hombre con la naturaleza y demuestra el respeto de este hacia la madre Tierra. Cristóbal Quispe, Gregorio Vargas y Aurelio Sumi fueron los encargados de guiarnos en el ritual.

Cada uno de nosotros recibió sus hojas de coca para que hagamos nuestros pedidos al apu Ausangate. “Pidan lo que necesiten. El apu se los concederá” dice Cristóbal luego de terminar la ceremonia e invitarnos a continuar con el recorrido.

Las mujeres de la comunidad esperaban cerca para demostrar su habilidad con los tejidos. Provistas de sus telares de cintura, sus hilados y sus lanas multicolores, las expertas tejedoras van enseñándonos cómo hacer los diseños de las mantas que se exhiben en la tienda de artesanía que han instalado en el Mirador de Cuyuni.

Dejamos atrás a las tejedoras y seguimos caminando hacia la plantación de pinos, un proyecto de reforestación que ya tiene cinco mil plantas. “Así cuidamos el medio ambiente y podemos comercializar la madera”, me comentan Francisca y Claudio Huamán, mientras van podando los pinos. El pequeño bosque bien cuidado es una muestra más del interés de la comunidad en mantener su bienestar y generar ingresos en base a proyectos de desarrollo sostenible.

Mujeres demuestran su arte en los telares

Mujeres demuestran su arte en los telares

Nuestro primer descanso es junto a los sembríos de papa. Ahí, los comuneros organizan una demostración de cómo se cosecha el tubérculo andino mientras los visitantes disfrutan de la huatia recién preparada. Merecido descanso después de casi dos horas de caminata para comer las papitas calientes con su respectivo ají.

Camino al almuerzo. El último tramo del recorrido antes de llegar al restaurante del Mirador de Cuyuni nos conduce por el almacén donde se guardan cultivos como la oca, la cebada, las habas, entre otros. Después, hacemos una parada en el criadero de cuyes para que nos expliquen las técnicas que utilizan para mejorar la producción de esta especie.

Antes del almuerzo visitamos la tienda de artesanía instalada junto al restaurante. En ella, los artesanos de la asociación Isqay Cocha Pallay exponen sus trabajos de lana de oveja, llama y alpaca. Lo mejor es que todo lo que se vende en esta tienda está dentro del marco del comercio justo.

Para cerrar la ruta nada mejor que sentarse en una mesa del restaurante Mirador de Cuyuni Ausangatec Hatun Pukaran y disfrutar de una vista maravillosa al apu Ausangate. La chef Carmen Rodríguez, también de la comunidad, me explica que ha organizado el menú combinando sus conocimientos de los platos tradicionales elaborados con productos nativos y lo que aprendió de comida internacional en su escuela de Lima. Alpaca a la pimienta o pollo crocante de quinua son solo algunas de las especialidades de la casa.

Después de ver lo bien organizado que está el circuito turístico de la comunidad de Cuyuni, solo queda decir: buen provecho, la mesa está servida.

Publicado inicialmente en octubre de 2010 en Solo para Viajeros