El paso más alto del tren Lima Huancayo, la estación Galera

El paso más alto del tren Lima Huancayo, la estación Galera

A 4781 metros sobre el nivel del mar el corazón se te acelera. Más aún si estás en Galeras, la estación más alta de la ruta del Tren de Lima a Huancayo. Allí arriba, el paisaje te deslumbra y las ganas de salir volando te sorprenden frente a esas infinitas montañas y la nieve que las cubre. Aquí, los viajeros bajamos del tren entusiasmados para retar a la altura y sentir el aire helado en la cara. Ni el riesgo de sufrir soroche o mal de altura, ni el frío intenso nos desaniman para abandonar los cómodos vagones del tren y juguetear un poco en la cima de los Andes. Algunos turistas osados, como el francés Emmanuel, se animan a brindar con un Chilcano de pisco en la estación de Galeras, retando aún más a la desafiante geografía peruana. En este punto del viaje ya han pasado seis horas desde que el Ferrocarril Central Andino partió de la estación de Desamparados, en el Centro de Lima. En poco más de una hora dejamos atrás el cielo gris limeño y entramos a la belleza de los Andes peruanos. Son doce horas de viaje que transcurren sin ningún apuro entre montañas estremecedoras, solitarios parajes y pueblos que se alborotan al ver pasar el tren.

Un viaje sin igual

Se atraviesa 69 túneles en la ruta del tren Lima - Huancayo

Se atraviesa 69 túneles en la ruta del tren Lima – Huancayo

Masaoki Noda apunta cada detalle del periplo. Imagino que describe y anota los nombres de los puentes, los túneles, las estaciones y los pueblos por donde pasa esta genial obra de ingeniería que, más de un siglo después de haber sido construida, todavía asombra a expertos de todo el mundo. Ha llegado desde Japón para esta travesía, que contará en la edición de fin de año de la revista Tetsudo Fan (Fanáticos de los rieles), un magazín que puede lucir la cifra de 300 mil lectores en un país donde la tecnología sobre los rieles ha superado los 300 kilómetros por hora. Los 69 túneles, los 58 puentes y los seis zigzags (tramos serpenteantes) del recorrido del ferrocarril  andino quedan consignados en su libreta. Su fotógrafo Junichiro Kishimoto también registra cada detalle del viaje en el tren más alto de América y el segundo más alto del mundo. “Es un viaje único en el mundo. Ha sido más impresionante de lo que había pensado. Me pareció  increíble ver cómo los peruanos lograron superar las montañas y conquistar los Andes. Viajar en ese tren ha sido como volar”, me confiesa Noda ya de regreso en Lima.

Un bar sobre rieles

La carta de este bar tiene tragos inspirados en el viaje

La carta de este bar tiene tragos inspirados en el viaje

El Infiernillo es el vagón mas concurrido de todo el viaje. Y no es para menos, pues en él se unen el bar y el mirador del tren, aquí se encuentra la gente para conversar, tomar algo o simplemente mirar el paisaje. En el mirador no hay ventanales que te impidan sentir el viento. Ahí también puedes experimentar el vértigo al pasar por el puente Infiernillo y por el Carrión. O vislumbrar ese haz de luz mientras atraviesas túneles como Balta, de 1375 metros de longitud, y el Galera, el túnel ferroviario más largo del mundo. En el Infiernillo también están Pedro y Gedeón, los expertos barmans que preparan un buen Pisco Sour o un Ticlio (cóctel clásico en este bar) al ritmo del tren. Las horas transcurren rápidamente en este ambiente, como si se tratase de un viaje diferente al que ocurre en los otros vagones. En el Infiernillo solo hay música, bebidas, conversas y mucha diversión. Se hacen los planes para recorrer los pueblos del Valle del Mantaro, se intercambian mails para pasarse las fotos o mantener el contacto, se cuentan historias y se hacen nuevas amistades. Este vagón solo luce vacío cuando el regreso es de noche y viajan pocos noctámbulos que se atreven a salir al mirador o quedarse en el bar. El resto del tiempo, es el vagón con más gente y con más diversión.

Historias de viajes

Las doce horas de ida y las de regreso son más que suficiente para entablar largas conversaciones y descubrir algunas historias de viajeros. Koki Zelaya, por ejemplo, es un viajero incansable de este tren. Sus padres hicieron este recorrido durante su luna de miel. Luego lo llevarían en múltiples ocasiones por este trayecto. Tantas idas y venidas hicieron que Koki se convirtiera en un fanático de los ferrocarriles. Se conoce cada puente, cada túnel, cada pueblo, cada zona por la que pasa el tren. Sabe perfectamente su historia, de cuando en 1870 se empezó a construir esta línea ferroviaria para cruzar los Andes, y cuyos trabajos tardaron más de 30 años. Sabe tanto de este tren que hasta ha escrito una guía detallada de su recorrido. Dora y Juan José, en cambio, han hecho este viaje por primera vez. Estaban de luna de miel. “La primera”, dice ella. Se habían casado el fin de semana anterior apenas unas horas después de que él bajara del avión que lo trajo desde España. Además, habían tenido una semana llena de trámites y papeleos. Pero en el tren, solo disfrutaban del paisaje, la comida, la música y el tiempo que, por momentos, parece detenido.

Sin temor a la altura

Al llegar a Galera, la estación ferroviaria de pasajeros más alta del mundo, María Luisa Solano, la enfermera, tiene que correr para atender a los que caen por el soroche. Va de vagón en vagón en busca de los afectados por el mal de altura. Con la ayuda de un balón de oxígeno, alivia a quienes empiezan a sentir los efectos de la subida. “Solo una vez -cuenta- tuvimos que bajar de emergencia a un pasajero que no respondió a la atención que le dimos”. El resto del tiempo, la recuperación es rápida. Basta un poco de oxígeno, alcohol y alguna que otra pastilla para superar los mareos, el dolor de cabeza y los fastidios que produce la hipoxia en la altura, es decir el soroche.

Tramo final

Un viaje para disfrutar

Un viaje para disfrutar

Después de sentir la emoción de haber conquistado los Andes, como lo hicieron los obreros que construyeron este ferrocarril hace más de 100 años, todo lo que sigue es descenso hasta llegar a Huancayo. Lentamente, por momentos a solo 20 kilómetros por hora, el Valle del Mantaro se va dibujando ante nuestros ojos. Jauja, Concepción, San Jerónimo, dan la bienvenida a los pasajeros de este tren que sale dos veces al mes, cada dos semanas o durante feriados y fines de semana largo. Es un viaje obligatorio para los amantes de los trenes, para los aventureros, para los viajeros empedernidos y para quienes no quieren perderse de un recorrido histórico y excepcional. “No queremos que este tren se pierda porque es único”, me repite Evan, el traductor de los periodistas japoneses. Y aunque a veces hay retrasos -como ocurrió durante el viaje de retorno debido al desperfecto en una locomotora- lo que realmente recuerdas al regresar de este viaje es ese paisaje inmenso frente a tus ojos, los niños moviendo sus manitas para saludarte, las llamas y las ovejas, las lagunas, los puentes, la nieve, el vaivén de los vagones y el sonido del tren.

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