Viajes


Cerro Azul (4)

El norte y el sur de Lima los esperan  

#ElTurismoAyuda era el mensaje de bienvenida en el escenario donde cuatro jovencitas bailaban al ritmo de un festejo, en Huaral.  El lugar, un restaurante campestre famoso por su chancho al palo, fue el punto de encuentro para quienes están comprometidos con el turismo. El objetivo es impulsar nuevamente los viajes en un Perú que acaba de pasar por una situación de emergencia climática.

Para esta Semana Santa, con cuatro días de feriado, del 13 al 16 de abril, empresarios, autoridades y vecinos de la región Lima –desde Chilca hasta Lunahuaná por el sur y de Chancay a Barranca por el norte– se han unido para presentar una oferta turística amplia y entretenida, que ayude a levantar una economía golpeada por el evento climático.

Durante cuatro días, Solo para Viajeros recorrió pueblos y ciudades del sur y del norte de la región Lima en el Bus Marca Perú. El viaje sirvió para constatar que las carreteras a los lugares que llegamos están en perfecto estado y que los servicios turísticos –hoteles, restaurantes, excursiones y deportes de aventura–  se realizan con normalidad. Lo único restringido, por ahora, son los accesos a los centros arqueológicos de Caral, Rúpac y Bandurria, en el norte de Lima.

Aventura en el sur

Chilca, Cerro Azul, San Luis, Cañete y Lunahuaná son cinco destinos a los que se puede llegar  desde Lima, en pocas horas, para disfrutar de este fin de semana Largo. Playas, buena comida, vinos y piscos, así como deportes de aventura te esperan durante la Semana Santa.

Chilca

En el kilómetro 64 de la Panamericana Sur, se presenta como un destino de otro mundo, porque –según los chilcanos– ocurren avistamientos extraterrestres. Y aunque el encuentro extra planetario no está asegurado, definitivamente si encontrarás buena comida – como la carapulcra chilcana– y los famosos helados de sus frutas más representativas: el higo y la lúcuma.

En la Plaza de Armas destaca la iglesia Nuestra Señora de la Asunción, que ha sido reconstruida tres veces, pues fue afectada por dos terremotos y un incendio. Desde allí salen tours a los alrededores como son Las Salinas, famosa por sus lagunas de aguas termales y el fundo Los Tilos, para montar a caballo.

Cerro Azul

Un lugar tranquilo y encantador. Cerro Azul, ubicado en el kilómetro 131 de la Panamericana Sur, te recibe con ese extenso muelle de 400 metros de largo, construido en 1924. Desde allí puedes observar la Punta del Fraile, el faro solar y el monumento a los japoneses, tres símbolos del litoral de Cerro Azul, así como una zona arqueológica frente al mar, aún por explorar.

En la gastronomía de Cerro Azul destaca la mojarrilla, una especie de corvina pequeña que se encuentra en el mar de esta zona y que se presenta en variados platilloS, uno de ellos, la pizza. Otra delicia es el charquicán de raya, dos platos que siempre caen bien con un buen pisco.

San Vicente de Cañete (2)

San Luis de Cañete

Centro de tradición afroperuana que se expresa en sus bailes, su comida y principalmente, sus dulces. El frejol colado, el turrón de Doña Pepa –que nació en este pueblo– y el quesito de manjar blanco se podrán degustar este fin de semana largo en un festival de postres que se ofrecerá en la Plaza de Armas.

A solo 138 kilómetros al sur de Lima, en San Luis de Cañete aún se observa lo que fue la Iglesia de San Luis de Tolosa, destruida por el terremoto de 2007 y algunas haciendas coloniales como Casa Blanca y Santa Bárbara, que datan del siglo XVIII.

San Vicente de Cañete

Esta ciudad te recibe al ritmo de la música afroperuana, tradición heredada de los africanos que llegaron al Perú durante la Colonia, para trabajar como esclavos en las haciendas. En su plaza principal, una escultura en homenaje al agricultor nos recuerda que se trata de un valle privilegiado para el cultivo del algodón y la uva.

Vinos y piscos se ofrecen en todo el valle, y en cuanto a la gastronomía, son conocidos el arroz con pato, los frejoles con tuca y los platos elaborados a base de camarones.

Adrenalina en Lunahuaná

Un destino privilegiado para el turismo de aventura. Volar sobre el río Cañete en canopy, surcar sus aguas en balsas de canotaje o desplazarse por los caminos de herradura en una cuatrimoto forma parte de la de la emoción de recorrer Lunahuaná. Son solo tres horas desde Lima, por una carretera en perfectas condiciones, para encontrar aventura y diversión en esta Semana Santa

En cuanto a la comida, basta degustar los camarones en crema de nísperos de doña Melchora Villanueva, que a sus 76 años, es una de las cultoras de la gastronomía de Lunahuaná, tradición culinaria que se basa justamente en los camarones del río Cañete.

Las bebidas no se quedan atrás, viñedos como Santa María o Viña Los Reyes, fundados a principios del siglo pasado, dan cuenta de su tradición en vinos y piscos.

Huaral (2)

El norte chico se impone

Huaral, Huacho y Barranca son los destinos del Norte Chico que se pueden visitar en Semana Santa. Aquí, los atardeceres se contemplan mejor en sus albúferas y sus lagunas, se monta caballos de paso, y se come chancho al palo o ceviche de pato. Todo a solo un par de horas de Lima.

Huaral

Es la tierra del chancho al palo y de la sopa García, entre otras delicias culinarias. Un lugar para el buen comer o para disfrutar de las playas de Aucallama, con sus inmensas dunas para la práctica del sandboard o los recorridos en tubulares. Si prefiere tranquilidad puede pasar el día en  el centro ecológico Eco Truly Park.

Huacho (1)

Huacho

Antes de llegar a Huacho haga una parada en Chancay para visitar su museo, en el centro de la ciudad, que tiene una colección de 2000 piezas. Figuras como los “cuchimilcos” y los cántaros conocidos como “chinas”, así como textiles y restos de la goleta chilena Covadonga forman parte de la exhibición. Abre de martes a domingos hasta las 6 de la tarde.

La diversión en Huacho comienza en la hacienda La Encantada, en el kilómetro 146 de la Panamericana Norte, que este 16 de abril ofrece un concurso regional del Caballo Peruano de Paso. El ingreso será Libre.

Pero no hay nada mejor que navegar en la Albúfera de Nuevo Mundo, en una de las balsas artesanales que por menos de 10 soles te llevan durante media hora, para contemplar el atardecer. Pero si lo tuyo no es tranquilidad, sino adrenalina, atrévete a practicar flyboard y elevarte sobre las aguas de la laguna La Encantada.

Barranca

El recorrido por el  Norte Chico se cierra en Barranca, con su tradicional tacu tacu de Tato o de sus nietas, y las recientes experiencias culinarias Mackey, que abrió su restaurante llamado El Bunker de Mackey el 25 de diciembre del año pasado.

Desde el malecón, donde se ubican todos los restaurantes compitiendo por ofrecer lo mejor de la gastronomía de Barranca, se puede subir hasta el mirador del Cristo Redentor, para observar mejor sus playas como Colorado, Puerto Viejo y Atarraya. Luego, un paseo por éstas será el final perfecto de sus días de descanso.

 

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Letreros como este se ven a lo largo de la península de Paracas.

Letreros como este se ven a lo largo de la península de Paracas.

He viajado muchas veces a Paracas. Durante muchos años ha sido mi lugar preferido de fin de semana. De esos fines de semana en lo que tomaba un bus y terminaba un par de días en la Reserva Nacional de Paracas.  Un refugio para mis trajinados días de reportera. Un refugio para mis días en una Lima agotadora. Un refugio, simplemente, para estar cerca al mar.

Y en todos estos años he visto los cambios que se han dado en Paracas desde 1990, cuando por primera vez llegué a la reserva. En ese entonces, se podía ver toda la bahía desde la carretera, y era espectacular. No existían todas esas construcciones que ahora hay en El Chaco, tan solo el embarcadero de donde partían las lanchas para llegar a las Islas Ballestas, y un par de restaurantes frente al mar.

Quedé maravillada. Aunque el tiempo de ese día de mayo no me alcanzó para recorrer la reserva, lo que había visto desde lo alto de la carretera y el recorrido por las islas Ballestas me dejaron esas ganas de querer quedarme ahí. Pero no volví pronto. Pasaron algunos años antes de regresar y convertirme en una asidua visitante.

El Candelabro se ve desde el mar de Paracas

El Candelabro se ve desde el mar de Paracas

En mi siguiente visita, la invasión de El Chaco ya se había consumado. La vista panorámica de la bahía desde la carretera había desaparecido y en su lugar se veían casitas a medio construir, todas con paredes blancas y con pintas que decían: Alberto Tataje alcalde.

Era vox populi que la invasión había sido alentada y refrendada por el entonces alcalde de Paracas, Alberto Honorato Tataje Muñoz, quien ahora, hace menos de un mes, en marzo de 2014, ha sido capturado por la División Policial de Pisco, en respuesta a una sentencia por peculado emitida en enero de este año.

Pero regresando a mi segunda visita en los años 90, ese día sentí tristeza por lo que le estaba pasando a Paracas. En ningún otro lugar se hacía tan evidente que construir era en realidad lo mismo que destruir. El Chaco, el ingreso a la reserva, se estaba convirtiendo en un pueblo desorganizado, lleno de edificaciones desordenadas.

Pero pasando la barrera de la zona reservada las cosas no eran mejores. Cada centímetro frente al mar estaba siendo lotizado a precios exorbitantes, y no solo eso, sino que se convertían en espacios privados que se extendían a lo largo de la Península de Paracas.

La Catedral en la Reserva Natural de Paracas, antes de que el terremoto de 2007 transformara esta formación rocosa.

La Catedral en la Reserva Natural de Paracas, antes de que el terremoto de 2007 transformara esta formación rocosa.

Esa vez, recorrí la Reserva Nacional de Paracas, visité las playas La Mina y Lagunillas y los arenales de la zona reservada, vi la formación rocosa llamada La Catedral y me quedé maravillada, aún más.

En la siguiente visita, un par de años después, conocí a Rosa, dueña del Alizal, un restaurante al que he regresado una y otra vez no solo para comer ese arroz con mariscos , sino también para tener largas conversaciones con una taza de café.  Fue Rosa quien en el 2007, luego del terremoto del 15 de agosto, me contó cómo pasaron la noche en las dunas de Paracas, cómo escaparon a la furia del mar que arrasó con el malecón y con todo lo que había frente al mar, fue ella quien me relató la angustia para escapar del tsunami en medio de la oscuridad de la noche y cómo el agua del mar les llegaba hasta las rodillas mientras caminaban para subir a los cerros.

En esa década, entre el 200o y el 2010 he ido tantas veces, no recuerdo cuántas. Fue el tiempo en que Paracas se convirtió en mi refugio, en mi zona de descanso y de fin de semana, al punto que me convertí en casi una vecina del lugar. Y luego del terremoto volví una y otra vez para reportear, para ver cómo se iba recuperando de los destrozos que le dejaron los 7.9 grados en la escala de Richter.

Casas como esta se ven en todo el litoral de Paracas

Casas como esta se ven en todo el litoral de Paracas

Hace un año volví a Paracas. Más casas y hoteles se levantaban en los pocos kilómetros que no son parte de la reserva natural. Todo está lotizado, casi no hay espacio libre para poder ver el mar. Caminé por horas bordeando la península junto a inmuebles blancos que parecían sacados de magazines de construcción y me topé con más de un letrero que decía “muelle privado”.

Ahora, los tentáculos del boom de la construcción en Perú amenazan con destruir la reserva, pues en la zona de Santo Domingo, dentro de la misma área natural protegida, en un lugar que es zona de descanso para aves migratorias y hábitat de la parihuana, se intenta construir viviendas. Esta parte de la reserva está siendo lotizada por una constructora que valiéndose de argucias legales ha conseguido un permiso municipal para iniciar la destrucción de la Reserva Nacional de Paracas.

El atentado ha sido paralizado, por el momento, pero las maniobras legales que en los últimos años han avalado atrocidades inmobiliarias podrían ganarle la partida al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) y al Ministerio del Ambiente (Minam).

La lucha está dada en el campo legal y en el campo mediático. Reportajes de televisión y redes sociales están alertando sobre este atentado que se pretende cometer en nombre de la propiedad privada, le toca al Estado ganar en el Poder Judicial para evitar más destrucción en Paracas.