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Lima amaneció gris hoy. Luego de varios días de Sol, el cielo nublado apareció nuevamente en el último día de la COP20. Se presentó tan gris como las negociaciones de la cumbre climática en las que no se le vislumbra un acuerdo entre todos los países, de tal forma que beneficie al planeta y en consecuencia a nosotros, sus habitantes.

Ya pasaron las 6:00 de la tarde y no hubo brindis con pisco sour como anunciara hace unos días el ministro del Ambiente de Perú y presidente de la COP20, Manuel Pulgar Vidal. Algunos ya se marchan de regreso a sus países, mientras los delegados se toman un receso antes de continuar hasta -según se comenta por todos lados- la madrugada del sábado.

Y mientras, en Voces por el Clima, las agrupaciones indígenas que aún permanecen en Lima ya hablan de la COP21, en Paris, de cómo llegarán, de las acreditaciones, y de los preparativos para la agenda del 2015.

Para mi, hay algunas herramientas indispensables para seguir la COP20 y no perderse entre tantas conferencias, presentaciones, actividades paralelas y otras acciones que se presentan cada día, La primera, y que consulto cada mañana es la aplicación móvil COP20. La programación de las sesiones oficiales y de los eventos alternos se pueden revisar constantemente, pues se van actualizando conforme pasan las horas.

También se puede chequear las actividades de Voces por el Clima, seguir los post en el twitter, saber dónde se toman los buses, ubicar los pabellones y conocer los lugares para los eventos culturales. Esta aplicación es más una guía para moverse con facilidad dentro de los ambientes instalados para la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas para el Cambio Climático.

La segunda, y mucho más útil para el trabajo de los periodistas es la website de las Naciones Unidas. Si te perdiste una conferencia de prensa, ahí la encontrarás grabada. Si quieres saber cómo van las negociaciones, los documentos se suben cada día. Puedes estar al tanto de las negociaciones y acceder a los newsletter. Naturalemnete también están las redes.

Los periodistas que andamos aquí de un lado a otro buscando la información estamos pendientes de esta website oficial. Y quienes no están en Lima, encuentran en este sitio la mejor forma de seguir el evento en tiempo real.

En español, está la website oficial de la COP20. En este sitio se puede seguir en vivo las conferencias, acceder a los resúmenes diarios, chequear la agenda y seguir las noticias del día. Además, está el banco de fotos en Flicker para el uso de todos los periodistas.

Nota 2 - foto 1¿Cuál es la situación del planeta en cuestión de cambio climático? La temperatura ha aumentado 0.85°C desde la época preindustrial, y aunque esta cifra parece ínfima, en realidad nos estamos acercando aceleradamente a la temperatura límite de 2°C, de la que no debemos sobrepasar para asegurar la preservación de la especie humana.

Sin embargo, científicos como Stuart Scott, subdirector general del International Ecological Safety Collaborative Organization, advierte que llegar a esos dos grados es demasiado, aún 1.5ªC es muy alto, pero con un 80% de posibilidades de sobrevivir.

“Estamos a menos de un grado y ya vemos el colapso de los glaciares. El problema ya no se puede resolver pero podemos ganar tiempo reduciendo el consumo de los combustibles fósiles”, asegura.

Para muchos, hablar del deshielo del Ártico puede no tener importancia, pues pareciera que está demasiado lejos como para afectarnos. Sin embargo, sus efectos se presentan alrededor del planeta, pues significan la emisión de toneladas de metano, un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono. El deshielo también ocasiona el crecimiento del nivel de los mares lo que está agudizando las inundaciones en pueblos y ciudades costeras.

Pero aún hay más. El cambio en la temperatura del planeta nos está conduciendo a una variación drástica en las tierras de cultivo. La tendencia -explica Scott-  es que los terrenos actuales para producir alimentos ya no servirán para la siembra.

“Mi predicción es que para la mitad de la centuria lo que quede de la humanidad se tendrá que mover cerca de los polos norte y sur. A Rusia, Canadá, Alaska, Escandinavia. Quedaran pocas áreas para los cultivos. La presión migratoria será inmensa, pero también se presentará la presión de no tener tierras disponibles para los cultivos de alimentos. Los terrenos cercanos al Ecuador donde ahora se cultivan los alimentos, ya no serán productivos”.

¿Y cómo hemos llegado a esto? pues con un sistema que nos empuja a seguir creciendo en términos monetarios. Los gobiernos siguen en una carrera por un crecimiento económico sin reconocer que el planeta está exhausto y que no se puede crecer por siempre.

La esperanza en Lima es que los acuerdos signifiquen una reducción real de gases de efecto invernadero para frenar el calentamiento global, aunque la fecha para la aplicación de estos acuerdos está prevista recién para el 2020.

Nota 1

Son doce días de reuniones, conferencias, exposiciones, charlas, y todas las actividades que se puedan pensar para llamar la atención sobre lo que conocemos como cambio climático. Es decir, las variaciones que se están presentando en la temperatura del planeta y que están causando serias perturbaciones en la vida de todos nosotros.

Y así, desde el 1 de diciembre, expertos de 195 países se están reuniendo en Lima para asistir a la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas para Cambio Climático, o mejor dicho, COP20, que se realiza en el Cuartel General del Ejército del Perú, conocido como Pentagonito.

¿Y de qué se habla en estas reuniones? El objetivo es plantear un borrador de los acuerdos de las naciones para frenar el avance del cambio climático, para lo cual se deberá llegar a un compromiso para reducir las emisiones de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero a nivel mundial, pues el exceso de estos en la atmósfera está causando lo que conocemos como calentamiento global. Además, se conversa sobre tecnologías limpias, ciudades sostenibles, entre otros temas relacionados al calentamiento del planeta.

Aquí en Lima solo se elaborará el borrador, pues la firma del acuerdo final se dará en París, Francia, el próximo año, cuando se realice la COP 21.

Parece complicado entender lo que está pasando en estos momentos en Perú y para muchos resultará poco atractivo preocuparse por las conversaciones técnicas y políticas que se realizan en estos momentos en la sede de la COP 20. Sin embargo, preocuparse por el cambio climático no es solo una cuestión de presidentes, ministros, científicos o especialistas, pues sus efectos ya los estamos sintiendo todos.

Las inundaciones cada vez más frecuentes, las sequías severas, los problemas de escasez de agua, la disminución en la producción de las cosechas son parte de las transformaciones que se están dando en el planeta por las variaciones del clima.

Nota 1 - foto 2Estas situaciones nos tocan directa o indirectamente. Alguno de nosotros ya ha tenido que enfrentar una inundación. En el campo se pierden cosechas porque las lluvias no llegan a tiempo. Hay ciudades y países que ya tienen graves problemas de agua y otros con escasez de alimentos.

Entonces, las decisiones que se tomen en los próximos días nos conciernen a todos, pues de los acuerdos económicos, sociales y políticos que adopten los representantes de todos los países del mundo presentes en Lima, dependerá cómo será nuestra vida en los próximos años.

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Un huanuqueño vendiendo chica de Jora de Huancayo.

Chicha de jora y wawas (pan con forma de bebé) se vendían frente a la Iglesia de San Francisco, en el Centro Histórico de Lima, el último Jueves Santo. Esa tarde dedicada a recorrer siete iglesias, según la tradición cristiana, mi ciudad gris estaba más iluminada que nunca. El Sol brillaba sobre las cabezas de los fieles que hacían cola afuera de los templos para cumplir con el ritual católico, mientras quienes no se animaban a entrar a las iglesias disfrutaban de la feria que se había armado en las calles del Centro de Lima.

Tantawawas para Semana Santa“Soy de Huánuco”, me dijo el experto en la bebida fermentada, y me aseguró que su producto había sido elaborado con el sabor huanca del Valle del Mantaro.

Yo llevaba años sin salir a explorar mi ciudad en un fin de semana largo, pero quedé fascinada con lo que encontré el Jueves Santo: una capital vibrante, llena de detalles provincianos, mostrándonos ese Perú de Todas las Sangres, como diría Arguedas.

La melcocha a un sol me devolvió a mi infancia, cuando el mayor dilema era escoger entre este manjar de leche, el algodón rosado de pura azúcar y la manzana con dulce.  No resistí a la tentación de llevarme una porción del dulce de mi niñez, esa tarde de feria en pleno Centro Histórico de Lima.

La Catedral de LimaEstaba redescubriendo Lima, como si hubiera llegado a una ciudad nueva y diferente, como si no se tratara de la urbe que veo cada día o de ese Centro Histórico que he visitado cada día, durante no sé cuántos años, cada vez que me tocaba trabajar ahí.

No llegué a entrar a las iglesias, como es tradicional en Jueves Santo. Las colas me desanimaron. Pero el brillo solar, el bullicio y ese aire de feria de pueblo me atraparon detrás de mi cámara.

Creo que muy pocas veces había disfrutado el Centro de Lima como lo hice esa tarde de Jueves Santo, sin salir de la ciudad, sin un viaje de fin de semana largo, simplemente recorriendo mis lugares comunes que ese día fueron un verdadero descubrimiento.

Plaza Mayor en el Centro de Lima

Plaza Mayor en el Centro de Lima

 

Letreros como este se ven a lo largo de la península de Paracas.

Letreros como este se ven a lo largo de la península de Paracas.

He viajado muchas veces a Paracas. Durante muchos años ha sido mi lugar preferido de fin de semana. De esos fines de semana en lo que tomaba un bus y terminaba un par de días en la Reserva Nacional de Paracas.  Un refugio para mis trajinados días de reportera. Un refugio para mis días en una Lima agotadora. Un refugio, simplemente, para estar cerca al mar.

Y en todos estos años he visto los cambios que se han dado en Paracas desde 1990, cuando por primera vez llegué a la reserva. En ese entonces, se podía ver toda la bahía desde la carretera, y era espectacular. No existían todas esas construcciones que ahora hay en El Chaco, tan solo el embarcadero de donde partían las lanchas para llegar a las Islas Ballestas, y un par de restaurantes frente al mar.

Quedé maravillada. Aunque el tiempo de ese día de mayo no me alcanzó para recorrer la reserva, lo que había visto desde lo alto de la carretera y el recorrido por las islas Ballestas me dejaron esas ganas de querer quedarme ahí. Pero no volví pronto. Pasaron algunos años antes de regresar y convertirme en una asidua visitante.

El Candelabro se ve desde el mar de Paracas

El Candelabro se ve desde el mar de Paracas

En mi siguiente visita, la invasión de El Chaco ya se había consumado. La vista panorámica de la bahía desde la carretera había desaparecido y en su lugar se veían casitas a medio construir, todas con paredes blancas y con pintas que decían: Alberto Tataje alcalde.

Era vox populi que la invasión había sido alentada y refrendada por el entonces alcalde de Paracas, Alberto Honorato Tataje Muñoz, quien ahora, hace menos de un mes, en marzo de 2014, ha sido capturado por la División Policial de Pisco, en respuesta a una sentencia por peculado emitida en enero de este año.

Pero regresando a mi segunda visita en los años 90, ese día sentí tristeza por lo que le estaba pasando a Paracas. En ningún otro lugar se hacía tan evidente que construir era en realidad lo mismo que destruir. El Chaco, el ingreso a la reserva, se estaba convirtiendo en un pueblo desorganizado, lleno de edificaciones desordenadas.

Pero pasando la barrera de la zona reservada las cosas no eran mejores. Cada centímetro frente al mar estaba siendo lotizado a precios exorbitantes, y no solo eso, sino que se convertían en espacios privados que se extendían a lo largo de la Península de Paracas.

La Catedral en la Reserva Natural de Paracas, antes de que el terremoto de 2007 transformara esta formación rocosa.

La Catedral en la Reserva Natural de Paracas, antes de que el terremoto de 2007 transformara esta formación rocosa.

Esa vez, recorrí la Reserva Nacional de Paracas, visité las playas La Mina y Lagunillas y los arenales de la zona reservada, vi la formación rocosa llamada La Catedral y me quedé maravillada, aún más.

En la siguiente visita, un par de años después, conocí a Rosa, dueña del Alizal, un restaurante al que he regresado una y otra vez no solo para comer ese arroz con mariscos , sino también para tener largas conversaciones con una taza de café.  Fue Rosa quien en el 2007, luego del terremoto del 15 de agosto, me contó cómo pasaron la noche en las dunas de Paracas, cómo escaparon a la furia del mar que arrasó con el malecón y con todo lo que había frente al mar, fue ella quien me relató la angustia para escapar del tsunami en medio de la oscuridad de la noche y cómo el agua del mar les llegaba hasta las rodillas mientras caminaban para subir a los cerros.

En esa década, entre el 200o y el 2010 he ido tantas veces, no recuerdo cuántas. Fue el tiempo en que Paracas se convirtió en mi refugio, en mi zona de descanso y de fin de semana, al punto que me convertí en casi una vecina del lugar. Y luego del terremoto volví una y otra vez para reportear, para ver cómo se iba recuperando de los destrozos que le dejaron los 7.9 grados en la escala de Richter.

Casas como esta se ven en todo el litoral de Paracas

Casas como esta se ven en todo el litoral de Paracas

Hace un año volví a Paracas. Más casas y hoteles se levantaban en los pocos kilómetros que no son parte de la reserva natural. Todo está lotizado, casi no hay espacio libre para poder ver el mar. Caminé por horas bordeando la península junto a inmuebles blancos que parecían sacados de magazines de construcción y me topé con más de un letrero que decía “muelle privado”.

Ahora, los tentáculos del boom de la construcción en Perú amenazan con destruir la reserva, pues en la zona de Santo Domingo, dentro de la misma área natural protegida, en un lugar que es zona de descanso para aves migratorias y hábitat de la parihuana, se intenta construir viviendas. Esta parte de la reserva está siendo lotizada por una constructora que valiéndose de argucias legales ha conseguido un permiso municipal para iniciar la destrucción de la Reserva Nacional de Paracas.

El atentado ha sido paralizado, por el momento, pero las maniobras legales que en los últimos años han avalado atrocidades inmobiliarias podrían ganarle la partida al Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) y al Ministerio del Ambiente (Minam).

La lucha está dada en el campo legal y en el campo mediático. Reportajes de televisión y redes sociales están alertando sobre este atentado que se pretende cometer en nombre de la propiedad privada, le toca al Estado ganar en el Poder Judicial para evitar más destrucción en Paracas.

El paso más alto del tren Lima Huancayo, la estación Galera

El paso más alto del tren Lima Huancayo, la estación Galera

A 4781 metros sobre el nivel del mar el corazón se te acelera. Más aún si estás en Galeras, la estación más alta de la ruta del Tren de Lima a Huancayo. Allí arriba, el paisaje te deslumbra y las ganas de salir volando te sorprenden frente a esas infinitas montañas y la nieve que las cubre. Aquí, los viajeros bajamos del tren entusiasmados para retar a la altura y sentir el aire helado en la cara. Ni el riesgo de sufrir soroche o mal de altura, ni el frío intenso nos desaniman para abandonar los cómodos vagones del tren y juguetear un poco en la cima de los Andes. Algunos turistas osados, como el francés Emmanuel, se animan a brindar con un Chilcano de pisco en la estación de Galeras, retando aún más a la desafiante geografía peruana. En este punto del viaje ya han pasado seis horas desde que el Ferrocarril Central Andino partió de la estación de Desamparados, en el Centro de Lima. En poco más de una hora dejamos atrás el cielo gris limeño y entramos a la belleza de los Andes peruanos. Son doce horas de viaje que transcurren sin ningún apuro entre montañas estremecedoras, solitarios parajes y pueblos que se alborotan al ver pasar el tren.

Un viaje sin igual

Se atraviesa 69 túneles en la ruta del tren Lima - Huancayo

Se atraviesa 69 túneles en la ruta del tren Lima – Huancayo

Masaoki Noda apunta cada detalle del periplo. Imagino que describe y anota los nombres de los puentes, los túneles, las estaciones y los pueblos por donde pasa esta genial obra de ingeniería que, más de un siglo después de haber sido construida, todavía asombra a expertos de todo el mundo. Ha llegado desde Japón para esta travesía, que contará en la edición de fin de año de la revista Tetsudo Fan (Fanáticos de los rieles), un magazín que puede lucir la cifra de 300 mil lectores en un país donde la tecnología sobre los rieles ha superado los 300 kilómetros por hora. Los 69 túneles, los 58 puentes y los seis zigzags (tramos serpenteantes) del recorrido del ferrocarril  andino quedan consignados en su libreta. Su fotógrafo Junichiro Kishimoto también registra cada detalle del viaje en el tren más alto de América y el segundo más alto del mundo. “Es un viaje único en el mundo. Ha sido más impresionante de lo que había pensado. Me pareció  increíble ver cómo los peruanos lograron superar las montañas y conquistar los Andes. Viajar en ese tren ha sido como volar”, me confiesa Noda ya de regreso en Lima.

Un bar sobre rieles

La carta de este bar tiene tragos inspirados en el viaje

La carta de este bar tiene tragos inspirados en el viaje

El Infiernillo es el vagón mas concurrido de todo el viaje. Y no es para menos, pues en él se unen el bar y el mirador del tren, aquí se encuentra la gente para conversar, tomar algo o simplemente mirar el paisaje. En el mirador no hay ventanales que te impidan sentir el viento. Ahí también puedes experimentar el vértigo al pasar por el puente Infiernillo y por el Carrión. O vislumbrar ese haz de luz mientras atraviesas túneles como Balta, de 1375 metros de longitud, y el Galera, el túnel ferroviario más largo del mundo. En el Infiernillo también están Pedro y Gedeón, los expertos barmans que preparan un buen Pisco Sour o un Ticlio (cóctel clásico en este bar) al ritmo del tren. Las horas transcurren rápidamente en este ambiente, como si se tratase de un viaje diferente al que ocurre en los otros vagones. En el Infiernillo solo hay música, bebidas, conversas y mucha diversión. Se hacen los planes para recorrer los pueblos del Valle del Mantaro, se intercambian mails para pasarse las fotos o mantener el contacto, se cuentan historias y se hacen nuevas amistades. Este vagón solo luce vacío cuando el regreso es de noche y viajan pocos noctámbulos que se atreven a salir al mirador o quedarse en el bar. El resto del tiempo, es el vagón con más gente y con más diversión.

Historias de viajes

Las doce horas de ida y las de regreso son más que suficiente para entablar largas conversaciones y descubrir algunas historias de viajeros. Koki Zelaya, por ejemplo, es un viajero incansable de este tren. Sus padres hicieron este recorrido durante su luna de miel. Luego lo llevarían en múltiples ocasiones por este trayecto. Tantas idas y venidas hicieron que Koki se convirtiera en un fanático de los ferrocarriles. Se conoce cada puente, cada túnel, cada pueblo, cada zona por la que pasa el tren. Sabe perfectamente su historia, de cuando en 1870 se empezó a construir esta línea ferroviaria para cruzar los Andes, y cuyos trabajos tardaron más de 30 años. Sabe tanto de este tren que hasta ha escrito una guía detallada de su recorrido. Dora y Juan José, en cambio, han hecho este viaje por primera vez. Estaban de luna de miel. “La primera”, dice ella. Se habían casado el fin de semana anterior apenas unas horas después de que él bajara del avión que lo trajo desde España. Además, habían tenido una semana llena de trámites y papeleos. Pero en el tren, solo disfrutaban del paisaje, la comida, la música y el tiempo que, por momentos, parece detenido.

Sin temor a la altura

Al llegar a Galera, la estación ferroviaria de pasajeros más alta del mundo, María Luisa Solano, la enfermera, tiene que correr para atender a los que caen por el soroche. Va de vagón en vagón en busca de los afectados por el mal de altura. Con la ayuda de un balón de oxígeno, alivia a quienes empiezan a sentir los efectos de la subida. “Solo una vez -cuenta- tuvimos que bajar de emergencia a un pasajero que no respondió a la atención que le dimos”. El resto del tiempo, la recuperación es rápida. Basta un poco de oxígeno, alcohol y alguna que otra pastilla para superar los mareos, el dolor de cabeza y los fastidios que produce la hipoxia en la altura, es decir el soroche.

Tramo final

Un viaje para disfrutar

Un viaje para disfrutar

Después de sentir la emoción de haber conquistado los Andes, como lo hicieron los obreros que construyeron este ferrocarril hace más de 100 años, todo lo que sigue es descenso hasta llegar a Huancayo. Lentamente, por momentos a solo 20 kilómetros por hora, el Valle del Mantaro se va dibujando ante nuestros ojos. Jauja, Concepción, San Jerónimo, dan la bienvenida a los pasajeros de este tren que sale dos veces al mes, cada dos semanas o durante feriados y fines de semana largo. Es un viaje obligatorio para los amantes de los trenes, para los aventureros, para los viajeros empedernidos y para quienes no quieren perderse de un recorrido histórico y excepcional. “No queremos que este tren se pierda porque es único”, me repite Evan, el traductor de los periodistas japoneses. Y aunque a veces hay retrasos -como ocurrió durante el viaje de retorno debido al desperfecto en una locomotora- lo que realmente recuerdas al regresar de este viaje es ese paisaje inmenso frente a tus ojos, los niños moviendo sus manitas para saludarte, las llamas y las ovejas, las lagunas, los puentes, la nieve, el vaivén de los vagones y el sonido del tren.