20170328_103527Varias carpas ocupan la berma central de la carretera de ingreso a Mala. Sus ocupantes son alrededor de medio centenar de personas del caserío El Salitre que se quedaron sin casa luego de que el 9 de marzo se desbordara el río Mala.

“Mira, allá está mi casa” me dice una señora alargando su mano para apuntar su vivienda ubicada frente a la carretera, que ahora está llena de barro, hasta una altura de al menos 30 centímetros. “Todos los días vamos a limpiar y tratar de sacar el lodo. Se ha secado, está duro y por debajo está completamente negro”, agrega otro de los damnificados de la inundación.

Mientras se avanza por la vía, entre restaurantes turísticos y letreros que indican la ruta a San Pedro de Mala y Calango, los muros de contención improvisados con tierra y sacos de arena demuestran que el pueblo permanece en alerta; asimismo, las marcas en las paredes de las casas recuerdan hasta qué altura llegaron las aguas del río.

“El desborde fue en la madrugada. Corrimos a las 3 de la mañana para tratar de salvar a los gallos (de pelea) que estaban aquí en sus jaulas”, lamenta Marcos mientras camina por una pampa cubierta de barro que antes era su corral. “Tuvimos que hacer forados en las paredes para que el agua y el lodo puedan salir. Primero con martillos y luego con combas, solo así conseguimos sacar a nuestros cerdos, a los gallos no pudimos salvarlos”.

 

En esa zona, donde se encuentran los centros poblados Santa Clorinda y Escala Baja, sus habitantes se dedican a la agricultura y a la crianza de animales. Marcelina, madre de dos niñas, me conduce por los que aún queda de su casa. “Mira cómo el río se llevó todo -exclama-. El agua nos cubría. Todos los cultivos, los animales, nuestras cosas, toda la ropa de mis hijitas, todo se lo llevó el río.  Yo criaba cuyes y no sobrevivió ninguno. Las sandías ya estaban grandes y ahora no hay nada, hasta las raíces de los árboles han sido arrancadas”, dice con tristeza mientras contempla el terreno donde ahora solo hay barro y ramas secas.

Marcelina se encarga de repartir las donaciones que llegan a la comunidad. Se preocupa por doña Evarista y su esposo Efigenio, dos adultos mayores que viven al frente. Llama a los vecinos y va entregando los sandwiches y el agua de piña que un supermercado de Lima ha enviado para el desayuno.

Doña Evarista me enseña su casa de madera y  la cerda que salvó de las aguas. Algunos de sus animales descansan junto a los restos de lo que era su corral.

Los árboles de plátanos maleño están secos, las sandías han desaparecido al igual que las guanábanas, pacaes y las paltas fuerte, entre otros frutos que consumimos cada día y que no tenemos ni idea de dónde llegan.  ¿Cuánto han perdido? Marcos no logra dar una cifra. “Solo en los gallos son como 20 mil soles”, reflexiona.

“Mi abuelo me contaba que esto era humedal -menciona Marcos cuando abandonamos su terreno-. No había chacras como ahora. Quizá por eso el agua ha regresado”.

Desde el 15 de marzo, Mala es uno de los 34 distritos en seis provincias de Lima declarados en emergencia, medida que tiene una vigencia de 45 días.  Las lluvias han disminuido, pero el río Mala se mantiene la alerta naranja, es decir que aún existe riesgo por el nivel de su caudal.

Mientras tanto, Marcos, Marcelina, doña Evarista y quienes siguen viviendo rodeados de lodo no saben hasta cuando tendrán que esperar para iniciar su reconstrucción. “Solo nos queda esperar y volver a empezar”, dicen.

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Puro entusiasmo desplegaban decenas de voluntarios en la explanada del Gran Teatro Nacional. Su trabajo: recibir, revisar y clasificar las donaciones que cientos de personas van llevando, cada día, para atender la emergencia en Perú causada por lluvias y huaicos que se están presentando desde el miércoles 15 de marzo.

Unos se encargan de recibir paquetes, bolsas, cajas y los separan de acuerdo a su contenido:”¿ropa o comida?” preguntan a quienes llegan con su donación. Otros, ubicados en mesas, o simplemente sentados en el piso, van revisando cada artículo. En el caso del agua y los alimentos, chequean que estén sellados y que no hayan vencido. Quienes están encargados de la ropa, examinan cada prenda y las van clasificando.

El llamado que hizo el Gobierno para ser voluntari@ durante la emergencia resultó ser un desborde de interés por parte de cientos de personas, en su mayoría adolescentes y jóvenes. Incluso niños, acompañados de sus padres, participaban de esta cruzada con la misma seriedad y responsabilidad de los adultos.

En algunos puntos de acopio de donaciones, las colas eran larguísimas. Por ejemplo, en el Coliseo Eduardo Dibós, el domingo 19, alrededor de las 6 de la tarde, todavía se podía ver una larga cola de espontáneos inscribiéndose para  cumplir con su labor de ayuda social.

En estos días, en los que Perú enfrenta una emergencia causada por El Niño costero, la solidaridad está a flor de piel. Para Jorge De Luise Saurré, director de la Asociación Educativa Convivencia en la Escuela,”la solidaridad y el sentido de ser y pertenecer motiva a las personas -principalmente adolescentes y jóvenes- a movilizarse por causas de todo tipo pero, especialmente, aquellas que demanden ayuda social para los más necesitados o damnificados por algún desastre natural”.

#UnaSolaFuerza ha sido el hashtag que ha inundado las redes sociales en estos días, y también se ha creado el portal unasolafuerza.pe para informar sobre los centros de donaciones en Perú y la forma en que cualquiera de nosotros puede ayudar a los más de 100 mil damnificados y 600 mil afectados que está dejando El Niño costero en Perú.

Nota 1

Son doce días de reuniones, conferencias, exposiciones, charlas, y todas las actividades que se puedan pensar para llamar la atención sobre lo que conocemos como cambio climático. Es decir, las variaciones que se están presentando en la temperatura del planeta y que están causando serias perturbaciones en la vida de todos nosotros.

Y así, desde el 1 de diciembre, expertos de 195 países se están reuniendo en Lima para asistir a la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas para Cambio Climático, o mejor dicho, COP20, que se realiza en el Cuartel General del Ejército del Perú, conocido como Pentagonito.

¿Y de qué se habla en estas reuniones? El objetivo es plantear un borrador de los acuerdos de las naciones para frenar el avance del cambio climático, para lo cual se deberá llegar a un compromiso para reducir las emisiones de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero a nivel mundial, pues el exceso de estos en la atmósfera está causando lo que conocemos como calentamiento global. Además, se conversa sobre tecnologías limpias, ciudades sostenibles, entre otros temas relacionados al calentamiento del planeta.

Aquí en Lima solo se elaborará el borrador, pues la firma del acuerdo final se dará en París, Francia, el próximo año, cuando se realice la COP 21.

Parece complicado entender lo que está pasando en estos momentos en Perú y para muchos resultará poco atractivo preocuparse por las conversaciones técnicas y políticas que se realizan en estos momentos en la sede de la COP 20. Sin embargo, preocuparse por el cambio climático no es solo una cuestión de presidentes, ministros, científicos o especialistas, pues sus efectos ya los estamos sintiendo todos.

Las inundaciones cada vez más frecuentes, las sequías severas, los problemas de escasez de agua, la disminución en la producción de las cosechas son parte de las transformaciones que se están dando en el planeta por las variaciones del clima.

Nota 1 - foto 2Estas situaciones nos tocan directa o indirectamente. Alguno de nosotros ya ha tenido que enfrentar una inundación. En el campo se pierden cosechas porque las lluvias no llegan a tiempo. Hay ciudades y países que ya tienen graves problemas de agua y otros con escasez de alimentos.

Entonces, las decisiones que se tomen en los próximos días nos conciernen a todos, pues de los acuerdos económicos, sociales y políticos que adopten los representantes de todos los países del mundo presentes en Lima, dependerá cómo será nuestra vida en los próximos años.

El único lugar que tenemos para vivir.
El único lugar que tenemos para vivir.

Yann Arthus-Bertrand es un genio con las imágenes. Te las presenta desde el cielo y te lleva a volar junto con él sobre volcanes, lagunas, nieve, campos de cultivo, bosques, pequeños pueblos y gigantescas ciudades. Sus fotografías son impresionantes, con esos pequeños detalles que las hacen completamente originales, esos que parecen pintados, que parecen colocados exclusivamente para él.

Las imágenes de su proyecto Earth from Above -que recorrieron todo el mundo en muestras abiertas en parques y plazas – han cobrado movimiento en su documental Home, un verdadero llamado a la reflexión sobre la situación de nuestro planeta.

El film, presentado el 5 de junio  en un estreno mundial para recordar el Día Mundial del Medio Ambiente, nos sumerge en la historia de millones de años de creación de la Tierra, para luego confrontarnos con la destrucción de nuestros últimos sesenta años. “Nos queda solo 10 años para evitar la destrucción del planeta” nos dice en un momento la voz en off de Salma Hayek (en la versión en español). Después, los problemas generados por el cambio climático serán irreversibles…