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Un huanuqueño vendiendo chica de Jora de Huancayo.

Chicha de jora y wawas (pan con forma de bebé) se vendían frente a la Iglesia de San Francisco, en el Centro Histórico de Lima, el último Jueves Santo. Esa tarde dedicada a recorrer siete iglesias, según la tradición cristiana, mi ciudad gris estaba más iluminada que nunca. El Sol brillaba sobre las cabezas de los fieles que hacían cola afuera de los templos para cumplir con el ritual católico, mientras quienes no se animaban a entrar a las iglesias disfrutaban de la feria que se había armado en las calles del Centro de Lima.

Tantawawas para Semana Santa“Soy de Huánuco”, me dijo el experto en la bebida fermentada, y me aseguró que su producto había sido elaborado con el sabor huanca del Valle del Mantaro.

Yo llevaba años sin salir a explorar mi ciudad en un fin de semana largo, pero quedé fascinada con lo que encontré el Jueves Santo: una capital vibrante, llena de detalles provincianos, mostrándonos ese Perú de Todas las Sangres, como diría Arguedas.

La melcocha a un sol me devolvió a mi infancia, cuando el mayor dilema era escoger entre este manjar de leche, el algodón rosado de pura azúcar y la manzana con dulce.  No resistí a la tentación de llevarme una porción del dulce de mi niñez, esa tarde de feria en pleno Centro Histórico de Lima.

La Catedral de LimaEstaba redescubriendo Lima, como si hubiera llegado a una ciudad nueva y diferente, como si no se tratara de la urbe que veo cada día o de ese Centro Histórico que he visitado cada día, durante no sé cuántos años, cada vez que me tocaba trabajar ahí.

No llegué a entrar a las iglesias, como es tradicional en Jueves Santo. Las colas me desanimaron. Pero el brillo solar, el bullicio y ese aire de feria de pueblo me atraparon detrás de mi cámara.

Creo que muy pocas veces había disfrutado el Centro de Lima como lo hice esa tarde de Jueves Santo, sin salir de la ciudad, sin un viaje de fin de semana largo, simplemente recorriendo mis lugares comunes que ese día fueron un verdadero descubrimiento.

Plaza Mayor en el Centro de Lima

Plaza Mayor en el Centro de Lima

 

Para no perderse en Oxford

He pasado cuatro meses en Oxford. En esa ciudad que parece de cuento, de Alicia en el país de las maravillas y de Harry Potter. Una ciudad invadida por el ambiente de los 38 Colleges de la Universidad de Oxford y por un idioma inglés de acentos variados provenientes de todos los continentes.   He disfrutado explorando la ciudad y cada rincón que he descubierto me parece simplemente encantador.

Museos, bibliotecas, iglesias, casonas, jardines, parques, tiendas, bares, y lugares que a veces no sé qué son. Pero están ahi, en cualquier calle, con una historia para contar.

Llegué como visitante académica -eso dice en mi carnet del Green Templeton College de la University of  Oxford- para hacer una investigación en el Reuters Institute for the Study of Journalism (RISJ). Mis días -según mi estatus académico- transcurren entre seminarios, bibliotecas, reuniones con mi supervisor, entrevistas y la redacción de mi investigación. Pero no todo ha estado dedicado a mis sesudos pensamientos. También he tenido tiempo -como dice James Painter, director del Journalism Fellowship Programme del RISJ- para salir, recorrer lugares, juntarme con amigos y disfrutar de Oxford.

Green Templeton College

Mi college, el Green Templeton

La Fiscal II

La idea fue de Roger. Escribió un post en el grupo Lima del Couch Surfing invitando a visitar el barrio Loreto, en el Callao. Un barrio marcado por las historias de los adolescentes y jóvenes muertos antes de tiempo, cuyos retratos se veían hasta hace poco en las paredes de las fachadas de la cuadra ocho de la calle Loreto, en la ‘cripta’, como solían llamar a ese espacio de arte urbano que servía para no olvidar a los que se fueron.

Solo tres llegamos a la convocatoria: Roger -obviamente él no podía faltar- Vivi y yo. Posiblemente porque se trataba de un  sábado a las 9 de la mañana, y ese día no es fácil levantarse temprano.

En el Callao nos esperaba Juan, el chico que tuvo la idea de organizar esta visita. Quería mostrarnos su barrio y hablarnos de su sueño de convertir a Loreto en un lugar para visitar, un lugar sin miedos, sin violencia, sin prejuicios, sin el estigma de zona prohibida.

Exquisitos chicharrones para empezar el día.

El encuentro fue en el mercado del primer puerto peruano, donde los puestos de chicharrones tienen nombres chinos.

De allí caminamos hasta la cuadra 8 de Loreto, mientras Juan nos iba  contando de sus  casas y quintas antiguas, de la AJU (Asociación de Jóvenes Unificados) y de las ganas que tiene de que los jóvenes como él se alejen de la violencia, de las drogas… y de la muerte. “Para las autoridades es a veces es más fácil dejar que la droga pase, en lugar de invertir en los jóvenes, de crear oportunidades”, dice. “Aquí nunca nos ha importado quien gana las elecciones, ni quien sale elegido presidente, porque nuestra vida no depende de eso”, agrega. Y bueno, tiene razón.

Pasaje los 4 Huecos

Una antigua quinta en el barrio Loreto.

La caminata nos lleva por el pasaje Los 4 Huecos, el solar Pablo-María,  la quinta Santa Celina, todos lugares antiguos, con 50, 70, 100 años de vida. Después entramos a Fiscalía II, una especie de parque de cemento rodeado de casas de colores. Es lindo, alegre, nada cercano a lo que se dice en las notas policiales cada vez que se habla de los Barracones del Callao.

Detrás aparece la playa Mar Brava. Sucia. Y unos niños se acercan corriendo. Están tratando de atrapar pelícanos “para comer” nos dicen. Regresamos a la cuadra 8 de Loreto.  Y Juan vuelve a contar de su sueño de organizar al barrio para hacer visitas guiadas por los Barracones y de su trabajo con la AJU para evitar que los niños del barrio se conviertan en una imagen más de la cripta de los muros del barrio Loreto en el Callao.